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Con la llegada del verano se activa nuestra necesidad de consumir más líquido para mantener nuestro cuerpo hidratado y nuestro organismo andando. El agua se convierte en un elixir delicioso que sacia la sed, y revitaliza el cuerpo. Pero… ¿Qué es mejor para saciar nuestra sed? El agua templada o el agua fría.

La disyuntiva surge estando en un grupo de amigos, en un parque. El calor de Miami hacía de las suyas y nuestros cuerpos comenzaron a experimentar sed, causada por la pérdida de líquidos y el incremento de nuestro calor corporal. Una amiga insistía en tomar agua a temperatura ambiente, y otro amigo quería agua full de hielo.

¿Existe la diferencia entre ambas temperaturas a la hora de saciar la sed? O es solo cuestión de gustos… La pregunta estaba en el aire.

El agua fría sacia más la sed ¿Verdad o mito?

¿Es mejor el agua templada para saciar la sed?

Los expertos concuerdan que sí. Cuando hace calor perdemos mucho líquido a través de la sudoración. La piel necesita refrescarse continuamente, lo que incrementa el aporte sanguíneo y la transpiración (algo más o menos parecido a la refrigeración del motor del carro para evitar que se sobre caliente)

El agua templada es más fácilmente absorbida por el cuerpo una vez ingerida, lo cual hace que el cuerpo recupere rápidamente el líquido que pierde a través de la sudoración.

Ahora bien, existe la concepción de que el agua fría quita más la sed. Hay quienes incluso prefieren chupar hielo para eliminar la sensación de sed en la boca. La sensación de bienestar que los líquidos fríos generan parecen estar vinculados con nuestro placer más que con la necesidad de nuestro cuerpo.

Aunque el agua templada – temperatura ambiente – sea la mejor opción a la hora de calmar nuestra sed, preferimos bebidas frías porque son extremadamente efectivos para calmar la sensación de sed.

Los receptores de la temperatura de la boca no están relacionados con la regulación de la temperatura corporal, y esto se demuestra con un simple hielo. Al aplicar un hielo en la piel generamos escalofríos inmediatos, que en la boca no sucede. Así que el efecto de refrescar nuestra temperatura no parece tener nada que ver con la sensación de saciedad al beber líquidos fríos.
Cuando tomamos agua en momentos de calor extremo lo hacemos para restablecer la osmolalidad (concentración de solutos en la sangre). Pero desde que ingerimos agua, hasta que se aprecia el efecto de la misma en la sangre pasa un tiempo, y se hace difícil adivinar cuánta cantidad de agua se debe tomar hasta “regular” los solutos en la sangre, hidratar nuestro cuerpo y reponer la pérdida de agua. Seguiríamos tomando agua sin límite, poniendo nuestra salud en riesgo.

Es por esto que los científicos han determinado que la sensación de saciedad al tomar bebidas frías y frescas, hacen un llamado al cuerpo para evitar ingerir líquidos en exceso que el cuerpo no necesita. La sensación de sed se quita con agua fría, el cuerpo digiere mejor el agua templada… ¡Pero al final es sólo cuestión de gustos!

¿Tu qué prefieres?