Normalmente regalo mis espacios de los domingos para hacer artículos y columnas de opinión propia, reflexiones y espacios donde la lectura nos haga meditar. Pero siento que es crucial que el día de hoy haga un inciso para hacer énfasis una clase de esfera que rodea a la sociedad actual llena de presiones y frustraciones.

¿Cuántas veces no hemos sentido que fallamos? ¿Cuántas veces nos abruma el hecho de que no llegamos a ese estatus por el que tanto hemos trabajado? ¿Cuántas veces nos apabullan los problemas y nos pegan en la cama sin ninguna clase de motivación a seguir levantándote para luchar contra la marea? Pasa… y pasa mucho más a menudo de lo que quizás crees.

Vivimos en un mundo donde la globalización se ha encargado de estandarizar nuestros pensamientos, de igualizar nuestros ideales, de hacernos creer que nuestros sueños son los sueños que todo el mundo quiere vivir. Pero esto no es cierto, porque tu eres una persona única, con pensamientos únicos, personalidad única y motivaciones únicas. Y tus sueños no tienen que ser los sueños globales.

Por más minúsculo que suenen, TUS SUEÑOS son tuyos. No tienes que lograr ser un millonario para vivir la vida feliz. No tienes que ser flaco para encantarle a la gente. No tienes que tener la mejor empresa o el mejor trabajo para disfrutar tu labor.

Lo que hay que hacer es vivir más y preocuparnos menos. Dejar que los problemas corran con el agua, y enfocarnos en cumplir nuestras propias metas, esas que están en nuestro corazón y que arma nuestro proyecto de vida auténtico.

Hoy te digo, se feliz. La vida es una, la vida es tuya. Vívela, ámala, suéñala.