La sal no es del todo dañina: ayuda a nuestro sistema nervioso, equilibra los fluidos del cuerpo y beneficia el funcionamiento de los músculos.

Si la sal es tan buena, ¿cuál es el problema?

El consumo de sal en exceso nos hace propensos a enfermedades coronarias, patologías, ictus, afecta nuestros riñones y juega un papel importantísimo en el aumento de la presión arterial. Uno de cada tres adultos tiene hipertensión, lo cual que las arterias pierden elasticidad y ganan rigidez.
El consumo medio máximo de sal, recomendado por la OMS es de 5 gramos al día en los adultos y entre 3 y 4 gramos en los niños.
Un estudio afirma que en España, el consumo es del doble de lo recomendado, y en América no debemos ir por un camino muy diferente.

¿Sabías que la sal que consumimos es 20% la que “vemos” cuando se la agregamos a las comidas, y 80% “invisible”, es decir, es uno de los componentes de los ingredientes con que cocinamos? No se trata de no comer sal, se trata de reducir su consumo. Recuerda que los niños copian lo que ven, mejora tus hábitos y tus hijos tendrán un futuro más saludable.

Para evitar futuras enfermedades debemos reducir ambos consumos de sal.

¿Cómo? Fácil:

  • Utiliza aceites con especias para condimentar.
  • No dejes nunca el salero en la mesa.
  • Sustituye la sal por otros aderezos como hierbas aromáticas o especias.
  • Usa el limón como aliño para tus ensaladas.
  • En alimentos a la plancha o al vapor, echa la sal al final, después del cocinado.